Cómo saber si tu precio está bien

9 de octubre de 2026 Por Anónimo
Cómo saber si tu precio está bien
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Cobrar barato no es una estrategia. Casi siempre es la forma más rápida de trabajar mucho y ganar poco. Y el miedo a subir precios suele esconder algo más simple: no saber cuál es tu número. Cuando lo sabes, negociar deja de ser angustia y pasa a ser aritmética.

Esto es cómo se calcula, paso a paso.

Primero, los tres números que necesitas

  1. Costos fijos: lo que pagas aunque no vendas nada. Arriendo, sueldos fijos, servicios, internet, el plan del celular del negocio. Súmalos al mes.
  2. Costo variable por unidad: lo que te cuesta producir o entregar una unidad. Insumos, empaque, comisión de la tarjeta, envío, merma.
  3. Cuánto vendes al mes: en unidades, no en dinero.

El costo fijo por unidad: el número que casi nadie calcula

Aquí está el paso que cambia la conversación:

Costo fijo por unidad = costos fijos ÷ unidades vendidas al mes

Ejemplo: si tus costos fijos son 900 al mes y vendes 300 unidades, cada unidad carga 3 de costo fijo. A eso le sumas el costo variable y ya tienes tu piso: el precio por debajo del cual pierdes dinero en cada venta.

Y aquí está la trampa de bajar el precio

Si tu costo variable es 6 y cobras 10, ganas 4 por unidad para cubrir los fijos. Si bajas a 8 «para vender más», ganas 2. Acabas de duplicar el trabajo necesario para cubrir lo mismo.

Y al revés: si bajas el precio por debajo del costo variable, cada venta extra te acerca a la quiebra. Vender más acelera el problema en vez de resolverlo.

El punto de equilibrio: cuánto necesitas vender para no perder

Es el número que convierte la angustia en un dato concreto:

Punto de equilibrio = costos fijos ÷ (precio − costo variable)

Con el ejemplo: 900 ÷ (10 − 6) = 225 unidades. Por debajo de 225 pierdes; a partir de 225 empiezas a ganar. Saber «necesito vender 225 al mes» es muy distinto a «necesito vender más».

La herramienta de Punto de Equilibrio hace esta cuenta por ti y te avisa si el precio está por debajo del costo variable, que es el caso más peligroso.

Tres errores que casi todos cometen

  1. Poner el precio mirando al vecino. Su estructura de costos no es la tuya. Puede estar cobrando barato porque no paga arriendo, o porque está perdiendo dinero sin saberlo.
  2. Olvidar los costos variables que no parecen costos. La comisión de la tarjeta, el empaque, el delivery, el producto que se vence. Ahí se va el margen sin que se note.
  3. No cobrar tu propio trabajo. Si tu hora no está en el precio, el negocio no te está pagando: te está usando.

Y sobre el miedo a subir

El miedo se responde con un número, no con valentía. Antes de subir, calcula: si pierdo 2 clientes de cada 10 y subo el precio un 15%, ¿gano o pierdo? Casi siempre la respuesta sorprende, porque el precio afecta el margen mucho más rápido que el volumen.

Y si compites solo por precio, ninguna bajada te va a alcanzar: siempre va a aparecer alguien dispuesto a perder más que tú. La salida no es bajar, es tener una razón para que te elijan distinta al precio.


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